Kfar HaMacabiá, Jueves, 26 de Agosto de 2010
ט"ז אלול תש"ע
Mensaje del Departamento de Educación de
para los Yamim Noraím 5771
Queridos amigos:
Un historia para estos Días de preparación espiritual:
Rabi Yejíel Mijl, el nieto de Rabi Baruj de Medzibuz, se crio en la casa de ese gran maestro de
Como todo niño, Yejíel Mijl gozaba de los ratos de juegos con sus amigos. Una tarde, luego de repasar el Alef-Bet – su estudio del idioma hebreo -, Yejíel Mijl comenzó a jugar a las escondidas con uno de sus compañeros. Era su turno de esconderse, y lo hizo muy bien: en un rincón de la casa, debajo de un mueble, Yejíel Mijl era casi imperceptible a la vista. Ansioso, intentando no hacer ruido alguno, aguardó la llegada de su amigo a la parte de la casa donde se había recluido.
El tiempo pasaba, y lo que había sido razón para la alegría se transformó en causa de angustia: el amigo no se aparecía ni se acercaba al rincón elegido como escondite. Cansado y decepcionado, Yejíel Mijl se incorporó y salió en la búsqueda de su compañero de juegos. Grande fue su desencanto al comprobar que el muchachito que debía estar compartiendo la diversión de las escondidas… se había marchado, abandonándolo.
Llorando, el nieto del rabino se refugió en los brazos y el abrazo de su abuelo. El Rebe, al ver las lágrimas de su amado niño, le inquirió la razón de su llanto. "Me escondí"- contestó Yejíel Mijl -. "Me escondí, y nadie vino a buscarme".
Rabi Baruj suspiró profundamente. Con un tono suave, cariñoso y grave, el rabino le dijo a su nieto: "Querido, mi muy querido niño. Muchas veces – y sin escondernos – los demás dejan de buscarnos y nos quedamos solos. El Kadosh Baruj Hu[1] mismo es abandonado muchas veces por nosotros. Él nos dice: 'Yo me oculto, y nadie me busca'. Igual que tú ahora, nieto mío, los abandonados, ya sean hombres o nuestro Dios, quedan sumidos en la tristeza".
Rabi Baruj logró tranquilizar a su nieto, más que con sus palabras, con su presencia amorosa, con su apoyo, con su ternura. Él, no obstante, quedó
profundamente conmovido con lo sucedido, evocando una y otra vez las situaciones de abandono que él mismo sufrió, y las que él provocó en los demás - cuando se ausentó en momentos en los que era necesitado -.
Un niño desolado por el abandono de su compañero de juegos. Un rabino que, al contemplar el dolor de la soledad no deseada, evocó los difíciles momentos en los que la había sentido. Dos imágenes de una realidad que es y ha sido también la nuestra, y a la que recordamos en la finalización de otro año hebreo. Una historia sencilla, que nos enlaza con algunas de las preguntas centrales que deben ocuparnos en estos días del mes de Elul, antes de Rosh Hashaná.
¿A quiénes hemos nosotros abandonado en el año que finaliza? ¿Qué del vínculo con nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros familiares, nuestros amigos, nuestra Kehilá[2], Medinat Israel, nuestro Macabi? Los Yamim Noraím, los días comprehendidos entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, son días de evaluación, de reflexión, de introspección, de mejoramiento, de Teshuvá. Es por la naturaleza de estas Fiestas que tenemos la ardua obligación de revisar nuestras ausencias y abandonos. Muy probablemente estamos más presentes que ausentes, más acompañando que abandonando, más comprometidos que lejanos. Seguramente hemos mejorado en este año que estamos cerrando en rubros que van de lo familiar y personal, a lo comunitario, Macabeo y Nacional. No obstante, es nuestro ineludible deber el continuar por ese camino, profundizando y multiplicando nuestros logros y superando nuestras miserias, nuestra irreflexión y nuestros recurrentes errores. Tenemos que luchar contra nuestra desidia e indiferencia, contra los abandonos que generamos, las expectativas que creamos y no cumplimos, para devolvernos al sentido de una vida en plenitud y en la asistencia mutua.
Es el momento de renovar el brío en nuestra acción, para revertir amores postergados, amistades descuidadas, hijos alienados, padres no escuchados, judaísmos marginados, activismo macabeo debilitado, un Dios abandonado. Es el tiempo de generar cambios que nos produzcan vidas mejores, en las que tomemos completamente el timón de nuestras existencias, caracterizándonos por los actos decididos y que involucren a quienes amamos – aún con el peligro de cometer errores – más que
por nuestras ausencias, indiferencias e inacciones. Rosh Hashaná debe inspirarnos a mantener vidas inspiradas; vidas con más plegaria; vidas con más abrazos; vidas en las que ningún niño se quede llorando porque lo abandonamos, ni que nuestro niño – ése que vive en nuestros corazones – llore amargamente por la ausencia de los demás.
Quiera Dios que en este 5771 sepamos responder a las expectativas que creamos.
Quiera Dios que logremos acercarnos más significativamente a nuestros cónyuges, hijos, padres, amigos y familiares, fortaleciendo nuestros vínculos con quienes más amamos y tanto nos necesitan.
Quiera Dios que este año nuevo 5771 esté lleno de bendiciones para nosotros y para todos.
Y quiera Dios que continuemos viendo el desarrollo, el crecimiento y el fortalecimiento de todo lo que nos es querido y valorado, del Estado y el Pueblo de Israel, y de todos nuestros Macabis en el mundo.
Con nuestros mejores deseos,
¡LeShaná Tová ticatevu vetejatemu!
¡JAZAK VE'EMATZ!
Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General &
Director de Educación
Unión Mundial Macabi








