
Domingo, 15 de Mayo de 2011
י"א אייר תשע"א
Lag BaOmer ל"ג בעומר - -
Duelo, exilio y redención nacional
Queridos amigos:
Rabi Akiva, el más grande Rabino de la Mishná y líder espiritual del pueblo judío, sabía que el final de su vida estaba cerca. La gran Revuelta de Bar Kojvá[1] – “el hijo de la Estrella", ahora llamado Bar Koziba, “el hijo de la decepción" –, había fracasado, conduciendo a más de medio millón de judíos en la Tierra de Israel a una muerte brutal y a la persecución de todo el Pueblo Judío a lo largo y a lo ancho del Imperio Romano[2]. No fue fácil para el Emperador Adriano de Roma acabar con los 3 años de independencia judía logrados por las fuerzas libertadoras en la Tierra de Israel: le costó la derrota y la muerte de varias de sus mejores Legiones y de algunos de sus más destacados comandantes y tropas, y el traslado urgente a la Tierra de Israel de Julius Saverius, el General que gobernaba Britania, y de Hadrianus Quintus Lollius Urbicus, antiguo Governador de Germania, para poder conseguirlo.
La situación de los judíos en Israel era desesperante. Todo había sido destruido, ultrajado, demolido[3]. Las ruinas del Gran Templo fueron base para las estatuas de los dioses paganos helénicos, y el decreto de expulsión de los judíos de Judea era general[4]. Parecía que el final del pueblo judío había arribado; que la esperanza de un futuro mejor para los Hijos de Israel era una descabellada ilusión[5].
Rabi Akiva, que siempre supo hablar tanto con los pobres como con los poderosos; con los sabios y con los no instruidos, debía proyectar algo de luz en el manto de obscuridad, desesperación y tragedia popular. El octogenario[6] y amado líder espiritual del pueblo tenía que proveer alguna alternativa de vida futura; un albor para lo que parecía el ocaso final judío. Empezaron entonces sus enseñanzas últimas, destinadas precisamente a recomponer el espíritu casi quebrado de nuestros antepasados. Una de ellas muestra con claridad su visión y profunda fe en un futuro mejor, feliz y de redención para el remanente de los Hijos de Israel. Cuenta el Talmud:
"Un día andaban por las calles de Roma cuatro maestros: Rabán Gamliel, Rabi Eleazar, Rabi Yehoshúa y Rabi Akiva… y llegaron al monte Scopus[7]. Al ver desde allí las ruinas de la ciudad, rasgaron sus vestiduras. Y cuando llegaron al Monte Moriá, donde se erigía el Templo, vieron salir una zorra del Kódesh HaKodashim – el lugar más sagrado del Templo, al que accedía el Sumo Sacerdote sólo una vez al año, en Yom Kipur -. Los tres primeros sabios se pusieron a llorar, en tanto que Akiva reía sin medida. Le preguntaron: '¿Cómo es que ríes frente a esto?'.
Les respondió: 'Y Ustedes… ¿por qué lloran?'.
Le contestaron: '¿No sabes que se dijo (en la Torá): "El extranjero que ingrese cerca del Santuario será condenado a muerte"[8]…¡ Y ahora aún las zorras se pasean por el [Santuario, y no les pasa nada]! Ésta es la razón de nuestro llanto'.
Rabi Akiva, con tranquilidad, les replicó: 'Yo me río porque está dicho: "Sión será arada como un campo de labranza y Jerusalem se convertirá en collados muertos"[9], pero también está dicho "Otra vez Jerusalem se llenará de gozo: estará llena de niños y de niñas que salten y canten en sus calles"[10]. Mientras una profecía no se había cumplido, podíamos también dudar de la otra. Ahora, que se ha cumplido la primera… ¡ Podemos esperar con gozo el cumplimiento de la segunda!'.
Ellos contestaron: 'Tienes razón' ". [11]
Demasiados siglos tomó reconstruir nuestra vida nacional. Siglos que vieron las persecuciones y matanzas de nuestro pueblo por parte de los Cruzados, la Inquisición, los progroms de Europa y del mundo árabe, y, finalmente, la Shoá – el Holocausto -. Pero esa esperanza, esa luz diseminada por Rabi Akiva, perduró en los corazones del pueblo de Israel, iluminándolos, y comprometiéndolos a recomponer su historia - estableciendo un presente y un futuro fuertes y ciertos para el Pueblo Judío a partir de la creación del Estado de Israel, que nos ha recuperado de nuestro estado de indefensión, y nos ha catapultado a nuestra época más lograda como Nación.
Cuando vemos en la Jerusalem reconstruida de nuestro glorioso presente los centenares y miles de fogatas en cada rincón de Jerusalem y de la Tierra de Israel toda, recordando el espíritu de la lucha libertadora de Bar Kojvá – lo que celebramos en Lag BaÓmer -, evocamos con ello el augurio esperanzador de Rabi Akiva, y nos conmovemos de vivir en una era en la que Sión está llena de gozo, "llena de niños y de niñas que saltan y cantan en sus calles". Somos los afortunados testigos de nuestra Reconstrucción Nacional - ¡Qué extraordinario privilegio! -.
Que las luces de Lag BaÓmer, que reflejan la gran luz de la esperanza judía por la reconstrucción nacional – ésa que nos enseñó Rabi Akiva -, iluminen nuestro presente de gloria y nuestro promisorio futuro, en nuestra recuperada independencia y libertad.
¡Lag BaÓmer Saméaj!
¡Jazak ve'ematz!
Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi
[1] Cuyo verdadero nombre era Shimón bar Kosiva.
[2] Después de la batalla de Betar, último bastión de resistencia de Bar Kojvá contra los romanos, y el lugar donde cayó muerto, hubo algunas escaramuzas pequeñas en las cuevas del desierto de Judea, pero la guerra era esencialmente una y la independencia de Judea se perdió irremediablemente. Los romanos arasaron Jerusalem con un yugo de bueyes. Los judíos fueron vendidos como esclavos y muchos fueron trasladados a Egipto. Los asentamientos de Judea no fueron reconstruidos. Jerusalem se convirtió en una ciudad pagana llamada Aelia Capitolina y a los judíos se les prohibió vivir allí. Se les permitió entrar sólo en el 9 de Av para llorar sus pérdidas en la revuelta. Adriano cambió el nombre del país de Judea a Siria Palestina.
[3] "Muy pocos judíos, de hecho, sobrevivieron. Cincuenta de sus posiciones más importantes y 985 de sus aldeas más conocidas fueron arrasadas. 580.000 murieron en los combates o batallas diferentes. En cuanto al número de los que perecieron de hambre, enfermedades o incendios, es imposible de establecerlo" - Cassius Dio, Historia Romana 69.13.2-3 [Lucius Cassius Dio Cocceianus, historiador antiguo romano del siglo III e.c.]
[4] Los romanos recurrieron a atrocidades terribles para ganar la guerra. Los cadáveres fueron dejados insepultos durante varios años. Hay tres informes de que los niños judíos fueron envueltos en rollos de la Torá y quemados vivos (Tratado Guitín 57a-58b, Talmud Babilónico; Lamentaciones Rabá 2.2 y 4; Séder Elihá Rabá 151).
[5] Se construyeron santuarios paganos sobre los lugares de culto judío: el templo a Júpiter fue erigido en el sitio del Gran Templo, incluyendo una estatua ecuestre de Adriano en el Kódesh HaKodashim, el Santo Santuario; en la entrada de la puerta sur de Aelia, los romanos erigieron una estatua de mármol de un cerdo. Peor aún, a los judíos ni siquiera se les permitía ver a su ciudad ancestral. Rabí Akiva violó ese edicto, y después de algún tiempo en prisión, fue torturado hasta la muerte; por lo menos nueve rabinos otros fueron ejecutados, también – Asará Haruguéi Maljut, los 10 mártires que recordamos en el rezo de Yom Kipur -.
[6] Vivió entre el 50 y el 135 e.c.
[7] Se trata del Monte desde el que se ve toda la Ciudad de Jerusalem y el Monte del Templo, el Monte Moriá – hoy se erige sobre el Monte Scopus la Universidad Hebrea de Jerusalem -.
[8] Bamidbar (Números) I, 51.
[9] Yirmiahu (Jeremías) XXVI, 18.
[10] Zejariá (Zacarías) VIII, 5.
[11] Tratado Macot 24a, Talmud Babilónico.








