Mensaje de Sucot 2011

Kfar HaMacabiá, 9 de Octubre de 2011
י"א תשרי תשע"ב
Sucot: alegría e identidad
Queridos amigos:
Sucot es la Fiesta de la Alegría del pueblo judío. La Torá la reconoce como "HeJag", "la" Fiesta por antonomasia, y nos ordena que nos dispongamos en la alegría para su celebración – "Vesamajta bejagueja", "Y te alegrarás en tu Fiesta", nos indica Séfer Devarim (XVI, 14-15) -.
Nuestra milenaria exégesis propone diferentes explicaciones a este versículo. La jasidut, el jasidismo, que otrora fuera un movimiento revolucionario y dinámico para el pueblo judío – especialmente en sus horas más aciagas, bajo la presión de los pogroms, la expulsión y la pobreza extrema en Europa Central -, hizo de la búsqueda de la alegría la llave hacia la esperanza por un futuro mejor. El caso más extremo y contundente fue el de Rabi Najman de Bratzlav, quien hizo de la alegría un estandarte de vida: "Mitzvá g'dolá – lihiot besimjá tamid", "Es una gran mitzvá estar siempre alegres" (Likutey Moharan II, 24). La alegría, desde esa visión, debe ser nuestro punto de partida para todo lo que nos ocurre en la vida, reconociendo el enorme regalo que significa el estar vivos.
El Rebe de Kotzk, otro de los maestros jasídicos, se refirió específicamente a la alegría propia de Sucot, vinculándola con las Fiestas que la preceden inmediatamente, Rosh Hashaná y Yom Kipur. El Kotzker dijo: "La Felicidad, el Regocijo, son el resultado de la Santidad. Es por ello que Sucot, que sigue a Yom Kipur – el día en el nos volvemos santos y libres de pecados -, es llamado 'la era de nuestra alegría' " – "zmán simjateinu", como rezamos en nuestras bendiciones de Sucot -. La santidad entonces, para el Kotzker, es la que conduce a la alegría – Sucot adquiere su condición de "HeJag", "La Fiesta", por su cercanía a los Yamim HaNoraím, marcados por un proceso de acercamiento a Dios y su consiguiente santidad.
Nosotros, en Macabi, somos más cercanos a la propuesta de Rabi Najman que la del Rebe de Kotzk, aunque, no obstante, vinculamos conceptualmente a ambas.
Como Rabi Najman, creemos en la extraordinaria fuerza de la alegría. Y también creemos que hay una relación entre la alegría y la santidad, tal como el Rebe de Kotzk señala, pero en forma inversa a su planteo: es la alegría, como una fuente de vitalidad, de fortaleza, de creación y de vida, la que conduce a la santidad. La acción positiva y constructiva de nuestro Movimiento es la que nos conducido a la construcción de una identidad judía basada en lo feliz, edificante y maravilloso que significa el "ser judío". En una Conferencia que celebramos semanas atrás con el Liderazgo Macabeo joven de Europa Central, Daniel Bogunovic, Chairman de Maccabi Serbia – una Organización Territorial creada hace apenas 7 años, como producto de otra capacitación macabea -, expresó el ideal Macabeo de la forma más poderosa: "Para mí, es un privilegio ser judío". Ése es el modelo de nuestro trabajo y acción macabeas, que desarrollamos en nuestro Movimiento Juvenil Mundial (que se reunirá en 2 semanas en Israel), en nuestros incomparables mega-eventos, en nuestros miles de talleres y capacitaciones, en nuestros programas en Medinat Israel, en nuestros torneos nacionales y regionales, en nuestros festivales de rikudim, en nuestra campaña mundial de Hasbará. Debemos devolverle la alegría al "ser judío", como Sucot nos lo demanda, ya que, esa alegría, conduce a la santidad: la santidad de la Continuidad Judía y de su Mensaje Eterno, erguidos en el orgullo de ser judíos plenos, conectados a nuestro Macabi, nuestras Fuentes Judías, nuestras Celebraciones y nuestro Estado de Israel – la máxima expresión de nuestra feliz creación -.
Quiera Dios que festejemos este Sucot en la sagrada alegría de nuestra acción, que estimula la identidad judeo-sionista de los miles y miles de Macabeos en el mundo.
Quiera Dios que veamos en la alegría una fuerza edificante capaz de transformar el mundo, comenzando por nuestros más cercanos, y multiplicando esa alegría entre todos.
Y quiera Dios que este Sucot nos encuentre más realizados, más felices, más completos, celebrando las incontables oportunidades con las que nos regala la vida diariamente.
Con nuestros mejores deseos,
¡Jag Sucot Saméaj!
¡Jazak ve'ematz!
RABINO CARLOS A. TAPIERO
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi
El nombre Tu BiShvat es, en realidad, una fecha del calendario hebreo: el 15 del mes de Shvat. En el alfabeto hebreo existe una correlación entre las letras y los números que representan. El número 11, por ejemplo, es un compuesto de la letra Yud (10) y la Álef (1). El número 15 se conforma con las letras Tet (9) y Vav (6) – dándonos la sílaba que leemos como “TU” -. No se utilizaron las letras Yud (10) y Hey (5), ya que su conjunción es uno de los nombres de Dios – YA -.
Mensaje de Shavuot

Lunes, 6 de Junio de 2011
ד' סיון תשע"א
Shavuot, Rut y el ser judío
Queridos amigos:
Durante la fiesta de Shavuot leemos una de las Meguilot más conmovedoras de los Escritos de la Biblia: Meguilat Rut. Se trata de un libro corto – de apenas 4 capítulos –. Cuenta la historia de Rut la Moabita, quien, aún habiendo perdido a su marido en una muerte súbita – con el consabido peligro de inmediato empobrecimiento -, decide sumarse al Pueblo de Israel de manera incondicional y absoluta. Esto es más significativo si tenemos en cuenta lo que establecen nuestros Sabios: Rut era parte de la realeza de Moab – hija del rey Eglón -.
Cuando Rut enviuda, Naomi, su suegra – viuda también – le sugiere que retorne a la protección de su familia en Moab, ya que ella no podría mantenerla. Rut pronuncia entonces una de las frases más conmovedoras y famosas de toda nuestra Biblia. Dirigiéndose a Naomi, Rut expresa en la forma más clara posible el destino común que la unía no sólo a su suegra, sino al pueblo de Israel todo. Rut dice:
“No me ruegues que te deje y que no te siga más,
porque dondequiera que tu vayas, yo iré,
y dondequiera hayas de vivir, he de vivir yo.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada.
Así me haga el Eterno y más también, si algo, fuera de la muerte, nos separare”.
La declaración de Rut es inequívoca: ella renuncia a las comodidades de su familia – la nobleza moabita –, aceptando una vida sin garantías de un futuro cierto – y rechazando, con ello, una existencia fácil de lujos que incluía, también, la idolatría de su familia de origen –. La decisión de Rut de unirse a Naomi es considerada por nuestros Sabios, en diferentes textos, como el proceso de conversión mismo; la total aceptación del judaísmo a la que se sometió Rut.
Analicemos un poco el texto bíblico. ¿Qué fue exactamente lo que aceptó Rut, lo que hizo de ella la primera conversa al judaísmo conocida con una fórmula de aceptación del ser judío?
Rut habla de tres niveles de aceptación y de compromiso:
· El más importante: la adopción y el ingreso al pueblo judío como el pueblo propio, aún sin haber nacido en sus filas: “Tu pueblo será mi pueblo”. Ser judío es adherirse al pueblo judío tanto en su marco nacional como en sus expresiones de vida.
· El compromiso con el destino del pueblo judío, independientemente de sus pesares o de los peligros que pudieran acecharlo: “…porque dondequiera que tu vayas, yo iré, y dondequiera hayas de vivir, he de vivir yo… Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada. Así me haga el Eterno y más también, si algo, fuera de la muerte, nos separare” – algo que hemos experimentado a lo largo de nuestra historia con tremendas pruebas, en las incontables tragedias por las que tuvimos que atravesar como pueblo -.
· El compromiso con la fe y los principios del pueblo judío: “tu Dios será mi Dios” – la aceptación de la riqueza del judaísmo como el Norte de su intimidad, de su interioridad, de su más profundo espíritu -.
Rut nos da la expresión más acabada de qué significa convertirse y sumarse al pueblo judío en el color y el calor de sus conmovidas y conmovedoras palabras. No se trata exclusivamente del tema de la fe. El judaísmo incluye una serie de creencias, valores e ideales transformados en una completa forma de vida, siendo aún más que eso mismo. Rut nos dice que el ser judío es sumarse a un destino nacional, aún en días aciagos y duros, de dolor e incluso de tristeza. Ser judío es aceptar al Dios de Israel como Dios, a la tierra de Israel como la Patria, al Pueblo Judío y a su destino como los propios. Esta entrega desinteresada; esta voluntad incontestable de ser judía, fue recompensada por Dios mismo: Rut la conversa pasó a ser la bisabuela de David, el futuro rey de Israel – y con ello, la antepasada del Mesías mismo que surgirá de la Casa de David –.
¿Por qué leemos Meguilat Rut en Shavuot? Porque en Shavuot celebramos la aceptación de la Torá por parte de nuestro pueblo en el Monte Sinaí – unas 3 millones de personas –, tal como Ruth adoptó el judaísmo y lo hizo propio en sus múltiples riquezas – y consecuencias –.
Quiera Dios que sepamos emular al ejemplo de Rut,
homologando su emoción de ser parte del pueblo judío,
de alimentarse con los ideales de nuestra herencia milenaria,
y de vivir en la riqueza de nuestras infinitas enseñanzas.
Quiera Dios que hagamos de los principios de la Torá
la guía de nuestra acción,
de nuestro proceder, de nuestras creencias más profundas,
para hacer de este mundo un mundo mejor, basado en la comunicación, en el amor fraternal, en la escucha y en el diálogo.
¡Jag Shavuot Saméaj!
¡Jazak ve'ematz!
Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi
El nombre Tu BiShvat es, en realidad, una fecha del calendario hebreo: el 15 del mes de Shvat. En el alfabeto hebreo existe una correlación entre las letras y los números que representan. El número 11, por ejemplo, es un compuesto de la letra Yud (10) y la Álef (1). El número 15 se conforma con las letras Tet (9) y Vav (6) – dándonos la sílaba que leemos como “TU” -. No se utilizaron las letras Yud (10) y Hey (5), ya que su conjunción es uno de los nombres de Dios – YA -.
Mensaje de Lag BaOmer

Domingo, 15 de Mayo de 2011
י"א אייר תשע"א
Lag BaOmer ל"ג בעומר - -
Duelo, exilio y redención nacional
Queridos amigos:
Rabi Akiva, el más grande Rabino de la Mishná y líder espiritual del pueblo judío, sabía que el final de su vida estaba cerca. La gran Revuelta de Bar Kojvá – “el hijo de la Estrella", ahora llamado Bar Koziba, “el hijo de la decepción" –, había fracasado, conduciendo a más de medio millón de judíos en la Tierra de Israel a una muerte brutal y a la persecución de todo el Pueblo Judío a lo largo y a lo ancho del Imperio Romano. No fue fácil para el Emperador Adriano de Roma acabar con los 3 años de independencia judía logrados por las fuerzas libertadoras en la Tierra de Israel: le costó la derrota y la muerte de varias de sus mejores Legiones y de algunos de sus más destacados comandantes y tropas, y el traslado urgente a la Tierra de Israel de Julius Saverius, el General que gobernaba Britania, y de Hadrianus Quintus Lollius Urbicus, antiguo Governador de Germania, para poder conseguirlo.
La situación de los judíos en Israel era desesperante. Todo había sido destruido, ultrajado, demolido. Las ruinas del Gran Templo fueron base para las estatuas de los dioses paganos helénicos, y el decreto de expulsión de los judíos de Judea era general. Parecía que el final del pueblo judío había arribado; que la esperanza de un futuro mejor para los Hijos de Israel era una descabellada ilusión.
Rabi Akiva, que siempre supo hablar tanto con los pobres como con los poderosos; con los sabios y con los no instruidos, debía proyectar algo de luz en el manto de obscuridad, desesperación y tragedia popular. El octogenario y amado líder espiritual del pueblo tenía que proveer alguna alternativa de vida futura; un albor para lo que parecía el ocaso final judío. Empezaron entonces sus enseñanzas últimas, destinadas precisamente a recomponer el espíritu casi quebrado de nuestros antepasados. Una de ellas muestra con claridad su visión y profunda fe en un futuro mejor, feliz y de redención para el remanente de los Hijos de Israel. Cuenta el Talmud:
"Un día andaban por las calles de Roma cuatro maestros: Rabán Gamliel, Rabi Eleazar, Rabi Yehoshúa y Rabi Akiva… y llegaron al monte Scopus. Al ver desde allí las ruinas de la ciudad, rasgaron sus vestiduras. Y cuando llegaron al Monte Moriá, donde se erigía el Templo, vieron salir una zorra del Kódesh HaKodashim – el lugar más sagrado del Templo, al que accedía el Sumo Sacerdote sólo una vez al año, en Yom Kipur -. Los tres primeros sabios se pusieron a llorar, en tanto que Akiva reía sin medida. Le preguntaron: '¿Cómo es que ríes frente a esto?'.
Les respondió: 'Y Ustedes… ¿por qué lloran?'.
Le contestaron: '¿No sabes que se dijo (en la Torá): "El extranjero que ingrese cerca del Santuario será condenado a muerte"…¡ Y ahora aún las zorras se pasean por el [Santuario, y no les pasa nada]! Ésta es la razón de nuestro llanto'.
Rabi Akiva, con tranquilidad, les replicó: 'Yo me río porque está dicho: "Sión será arada como un campo de labranza y Jerusalem se convertirá en collados muertos", pero también está dicho "Otra vez Jerusalem se llenará de gozo: estará llena de niños y de niñas que salten y canten en sus calles". Mientras una profecía no se había cumplido, podíamos también dudar de la otra. Ahora, que se ha cumplido la primera… ¡ Podemos esperar con gozo el cumplimiento de la segunda!'.
Ellos contestaron: 'Tienes razón' ".
Demasiados siglos tomó reconstruir nuestra vida nacional. Siglos que vieron las persecuciones y matanzas de nuestro pueblo por parte de los Cruzados, la Inquisición, los progroms de Europa y del mundo árabe, y, finalmente, la Shoá – el Holocausto -. Pero esa esperanza, esa luz diseminada por Rabi Akiva, perduró en los corazones del pueblo de Israel, iluminándolos, y comprometiéndolos a recomponer su historia - estableciendo un presente y un futuro fuertes y ciertos para el Pueblo Judío a partir de la creación del Estado de Israel, que nos ha recuperado de nuestro estado de indefensión, y nos ha catapultado a nuestra época más lograda como Nación.
Cuando vemos en la Jerusalem reconstruida de nuestro glorioso presente los centenares y miles de fogatas en cada rincón de Jerusalem y de la Tierra de Israel toda, recordando el espíritu de la lucha libertadora de Bar Kojvá – lo que celebramos en Lag BaÓmer -, evocamos con ello el augurio esperanzador de Rabi Akiva, y nos conmovemos de vivir en una era en la que Sión está llena de gozo, "llena de niños y de niñas que saltan y cantan en sus calles". Somos los afortunados testigos de nuestra Reconstrucción Nacional - ¡Qué extraordinario privilegio! -.
Que las luces de Lag BaÓmer, que reflejan la gran luz de la esperanza judía por la reconstrucción nacional – ésa que nos enseñó Rabi Akiva -, iluminen nuestro presente de gloria y nuestro promisorio futuro, en nuestra recuperada independencia y libertad.
¡Lag BaÓmer Saméaj!
¡Jazak ve'ematz!
Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi
Después de la batalla de Betar, último bastión de resistencia de Bar Kojvá contra los romanos, y el lugar donde cayó muerto, hubo algunas escaramuzas pequeñas en las cuevas del desierto de Judea, pero la guerra era esencialmente una y la independencia de Judea se perdió irremediablemente. Los romanos arasaron Jerusalem con un yugo de bueyes. Los judíos fueron vendidos como esclavos y muchos fueron trasladados a Egipto. Los asentamientos de Judea no fueron reconstruidos. Jerusalem se convirtió en una ciudad pagana llamada Aelia Capitolina y a los judíos se les prohibió vivir allí. Se les permitió entrar sólo en el 9 de Av para llorar sus pérdidas en la revuelta. Adriano cambió el nombre del país de Judea a Siria Palestina.
Se construyeron santuarios paganos sobre los lugares de culto judío: el templo a Júpiter fue erigido en el sitio del Gran Templo, incluyendo una estatua ecuestre de Adriano en el Kódesh HaKodashim, el Santo Santuario; en la entrada de la puerta sur de Aelia, los romanos erigieron una estatua de mármol de un cerdo. Peor aún, a los judíos ni siquiera se les permitía ver a su ciudad ancestral. Rabí Akiva violó ese edicto, y después de algún tiempo en prisión, fue torturado hasta la muerte; por lo menos nueve rabinos otros fueron ejecutados, también – Asará Haruguéi Maljut, los 10 mártires que recordamos en el rezo de Yom Kipur -.
El nombre Tu BiShvat es, en realidad, una fecha del calendario hebreo: el 15 del mes de Shvat. En el alfabeto hebreo existe una correlación entre las letras y los números que representan. El número 11, por ejemplo, es un compuesto de la letra Yud (10) y la Álef (1). El número 15 se conforma con las letras Tet (9) y Vav (6) – dándonos la sílaba que leemos como “TU” -. No se utilizaron las letras Yud (10) y Hey (5), ya que su conjunción es uno de los nombres de Dios – YA -.
Mensaje de Yom HaHatzmaut

Kfar HaMacabiá, Viernes, 6 de Mayo de 2011
ב' אייר תשע"א
Mensaje de Yom HaAtsmaút –
63 Aniversario de la Independencia de Israel
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