Abril,
2006
Nisán, 5766
Yom HaShoá
y la amenaza de la
República Islámica de Irán
Queridos Amigos:
Todos hemos escuchado con horror cómo el Presidente de la República
Islámica de Irán, el fundamentalista Mahmoud Ahmadinejad, reitera una y otra
vez su llamado a la destrucción del Estado de Israel y de lo que él denomina
“el Sionismo Mundial” – un eufemismo para el referir al pueblo judío -.
Ahmadinejad, como otros extremistas antisemitas – o judeófobos, en la
nomenclatura más precisa –, sueña con nuestro total exterminio,
racionalizándolo (el odio irracional siempre busca razones para poder ser
sostenido) como parte integral del deseo de que la tierra que comienza en
Andalucía, España, y que llega a los confines de Asia, renazca libre de
“infieles” para la gloria del Islam. El Presidente iraní, en la demencia de su
odio, hace lo que los antisemitas suelen hacer: acusar a nuestro pueblo de todos los males posibles, en un “plan
internacional” de conquista mundial.
Algunos comentaristas han hecho comparaciones entre la ideología de
Ahmadinejad y los islamistas iraníes, y la de la Alemania Nazi durante la Shoá,
el genocidio contra nuestro pueblo cometido hace apenas 60 años que devastó a la Judería Europea en casi su
totalidad – 6.000.000 de nuestros hermanos; 1,500.000 de niños entre ellos –.
Si bien el deseo expreso en ambos modelos de odio es el mismo – acabar con el pueblo judío -, es
importante que distingamos lo singular, único y sin precedentes de la Shoá (el
peor episodio de la historia de la Humanidad, y la matanza más bárbara y desalmada
contra pueblo alguno) frente a estas declaraciones e intenciones iraníes – y
las de tantos otros grupos judeófobos -.
EL HOLOCAUSTO FUE UN FENÓMENO SIN PRECEDENTES. A pesar de otras
matanzas genocidas ocurridas contra nuestro y otros pueblos, la Shoá consta de
muy tristes singularidades que la vuelven un evento (o serie de eventos) nunca
ocurridos en su convergencia en los anales de la Historia:
1.
Nunca en el pasado la
destrucción de un pueblo en su totalidad (civiles, niños, adultos y ancianos,
hombres y mujeres) había sido parte de los principios de un partido político, y
menos de un Estado.
2.
Nunca un Estado había implementado pasos
consecutivos de segregación, y, menos
aún, de asesinato genocida.
3.
Nunca se había utilizado toda la tecnología
de la época para exterminar a un pueblo.
4.
Nunca se evaluó económicamente cuál era la
forma más rápida, eficiente y barata de exterminar a personas.
5.
Nunca se creó un programa sistemático de
deshumanización donde el hombre era reducido por una ideología a una
clasificación de sub-humano.
6.
Nunca se diseñó un programa de destrucción
de la personalidad, donde se despojaba al hombre de los elementos más
elementales (su ropa, su pelo, su alimento), y se lo ponía a trabajar en
condiciones infrahumanas.
7.
Nunca antes se había antepuesto un criterio
ideológico a uno militar en el transcurso de una guerra al punto de debilitar
el propio frente de guerra.
Muchos son quienes desean trivializar a la Shoá como “una matanza entre
muchas”, “otros muertos entre las
decenas de millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial”. Con ello, no
habría realmente un crimen cometido contra nuestros hermanos en Europa, sino algo más entre las fatalidades que
ocurren en las guerras masivas. Nuestro deber, por la memoria de nuestros
muertos – nuestros millones de
muertos -, es destacar el carácter sin precedentes de la Shoá frente a otras
expresiones y acciones de odio antisemita y/o xenófobo, e incluso frente a las
más extremas y perversas como las de Ahmadinejad y los islamistas iraníes.
Nuestra situación es hoy absolutamente distinta y mejor que la que
atravesamos durante la época del Holocausto. En la Shoá se asesinó a civiles
indefensos, todos ellos ciudadanos de países europeos a los que servían (e
incluso, por los que habían luchado). Cuando en el presente la locura enfermiza
de Ahmadinejad se levanta contra nuestra gente, contamos con nuestra capacidad
de autodefensa en nuestro pequeño y milagroso Estado Judío, y con ciertos
sectores del Mundo Libre que no están dispuestos a que el crimen contra nuestro
pueblo sea repetido.
Debemos denunciar, condenar, repudiar y actuar contra aquellos que
quieren hacernos daño, borrarnos del mapa, negar el derecho de nuestra
existencia. También, debemos recordar
nosotros y hacer recordar al mundo que nunca, nunca se realizó contra pueblo
alguno lo que se hizo contra los Hijos de Israel durante la Shoá; nunca con
tanta saña, frialdad, cálculo y precisión. Debemos distinguir a ambas acciones entre sí,
y llevar a cabo ambas:
luchar permanentemente
contra el antisemitismo, por un lado,
y recordar y mantener
el recuerdo de la Shoá como el capítulo más triste, negro y genocida de la
historia de la humanidad,
a fin de no caer en la trampa de quienes
quieren trivializar a la Shoá, reduciéndola a un evento menor y destinado a
desaparecer de la conciencia de las mismas naciones que, apenas ayer, la
cometieron o la permitieron cómplicemente.
Por la fortaleza de nuestro pueblo, la seguridad de nuestro futuro, y en
el recuerdo de nuestros asesinados en la Shoá,
¡JAZAK VE'EMATZ!
DR. DAVID KORENFELD RABINO
CARLOS A. TAPIERO
Chairman Director
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